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Manifiesto de honestidad de teólogo hereje ante su madre
Madre mía, te escribo a ti porque en realidad mi padre ha estado más orientado al ateísmo que a la religiosidad o en este caso al cristianismo. Te escribo ahora, aunque ya no estás en este planeta, sé que sigues aquí, junto a mí, a mi lado, quiero que sepas que a veces te lloro, poco, sobre todo cuando necesito el cobijo tuyo, pero sé que es parte del proceso y camino, pero después de leer el manifiesto de algunos amigos decidí hacer el propio, creo que, como lección, catarsis y ayuda a otros puede ser genial. Y esto te escribo:
Sé que por años dedicaste tu vida a orientarme en el camino de la iglesia (que no tanto del cristianismo), y que muchas veces estuviste orando a Dios para que yo tuviera un encuentro personal con Cristo (extrañamente lo tuve unas veinte veces cada que algún predicador o músico tocaba mis emociones y me hacía sentir que debía cambiar, hoy sé que se llaman “terapias de choque”, y que sólo duran días, semanas…
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41 y continuamos

Cada año escribo para mi cumpleaños. Cada año agradezco poder darle una nueva vuelta al sol, y éste no podía ser el año que dejaría de hacerlo, así que ¡Gracias!
Comenzaré por el principio, mi familia primaria: A Dios, porque es Padre y Madre, y convivir con él es bien padre, o en mis palabras “a toda madre”; Mayra por ser compañera de camino, y aunque la cago una y otra vez, ella sigue caminando conmigo, y me enseña a tener fe; a mis hijos, por ser los mejores maestros espirituales que he tenido en mi vida; a chubaka (mi perro), por enseñarme lo que es el amor incondicional.
A mi familia secundaria: Mi madre (Q.E.P.D.) porque me enseñó a tener alas, y a usarlas siempre; mi padre, que siempre ha sido un ejemplo de buen corazón y ser humano; mi hermana Lydia porque sé que siempre puedo contar con ella; mi hermana Itzel porque he aprendido a amarla a pesar de no estar tan cerca como yo quisiera; a mi hermano Emanuel, porque a pesar de no conocerlo como tanto, es un hombre …

Por qué empezar no exige día, sino ganas

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Hola amados y amadas, escribo hasta ahora porque cierto personaje del cuál no quiero acordarme me dijo: “Te debes a tus lectores, y, como cada año, debes poner el 31 de diciembre o el 1 de enero tu carta para comenzar el año”.
Cabe aclarar que esto me encabronó mucho, pues “yo no me debo a nadie ni a nada”, yo soy yo y punto. Sé que se puede escuchar muy soberbio, pero no hay nada peor que la idea de “gracias a los demás yo me hice”, es decir, todos los que están a mi alrededor se hicieron por mí, eso es peor, posiblemente inspiro a otros y otras, pero ellos deciden ser quienes son por ellos, y no por mí, (aunque algunos no les guste).
Escribo porque que me encanta hacer y soy aprendiz de eso, lo hago para expresarme, para llorar, reír, inventar historias, cuentos, poesías, porque soy subversivo y porque mi madre me enseñó que puedo hacer lo que me de mi chingada gana siempre y cuando me haga responsable de eso.
Sí, lo sé, soy grosero, pero qué quieren, me encanta ser así, sin miedos ni …

Entrenando nuestras mentes

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Cressida Cowell escribió un magnífico libro llamado “How to train your dragon”; en el 2010 la productora DreamWorks Animation hizo la película, en México se tradujo como “¿Cómo entrenar a tu Dragón? Una película de animación que me dejó un rico sabor de boca, aunque como siempre no se apega al libro, no deja de ser una excelente película, y para ser muy honesto es una película que he visto cinco veces (mucho menos que la de Kung Fu Panda claro).
La historia (de DreamWorks) se desarrolla en una comunidad de vikingos que es “atacada” por dragones que se roban alimentos y ovejas; el jefe de la tribu tiene que pelear contra ellos, y de la misma manera entrenar a los jóvenes para ser futuros peleadores contra los dragones; pero, por “desgracia”, tiene un hijo que es un enclenque, no tiene fuerza, ni destreza, ni brillo como los demás niños, es más bien, un nerd, éste, se llama Hipo.
Pues bien, en uno de los ataques Hipo derriba a un dragón único en su especie, y muy peligroso llamado Furia N…
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Seguir volando

En el tiempo de vida que tengo, que no son más que diez años, porque sí, en realidad antes sobrevivía, tenía treinta años queriendo vivir, aprendiendo cosas, métodos, formas, costumbres, buenos modales, el bien y el mal, ir a la iglesia, tenerle temor a Dios, leyendo la biblia, sabiendo todo lo referente a Dios, las buenas costumbres, el “buenos días”, “puedo pasar”, “gracias”, “salud”, “con permiso” y muchas otras estupideces que nos enseñan para tener “buena educación”, que al fin de cuentas es simplemente por contrato social, hipocresía o domesticación cultural.
Fue a la edad de treinta años que viví un shock fortísimo dentro de mi vida, y tuve que enfrentar una realidad que casi me destruye, deje la iglesia, el cristianismo, la lectura de la Biblia, como decían algunos zoquetines “deje la cobertura de Dios”, ¡cómo si eso fuera posible!
En el peregrinar conocí a tipos como Buda y Krisna (que en realidad ya conocía, pero los veía con los ojos cerrados), Nietzsche otra ve…
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¿Cuánto tiempo dura tu sueño?

Alguna vez te has preguntado ¿estoy haciendo lo que soñé? ¿Realmente hago lo que me place? Algunos de nosotros cuando éramos niños jugábamos a ser soldados, bomberos, rescatistas, policías, modelos, artistas, comediantes, qué se yo, la idea es que jugábamos a creer y a crear, hacíamos castillos indestructibles mientras viajábamos en el lomo de un dragón…
Pero... espera; llega la edad de “ser realista” y piensas (o te dicen), debes buscar un trabajo que te dé de comer, y eso haces, estudias una carrera que te guste (a veces) o por lo menos no te aburra, te formas en ella (o crees hacerlo) y entonces sales a la selva de asfalto a buscar dónde colocarte para así poder tener “un sueldo seguro”, un horario, vacaciones, prestaciones y sobre todo “algo que me da de comer”; así se van veintiocho años (claro si jamás te corrieron de la empresa o aguantaste tanto tiempo en ella), te jubilas y puedes gozar a tus cincuenta años de una pensión… si no tuviste la suerte e…
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La disciplina hace el maestro






La gente que me conoce sabe que soy una persona disciplinada. A veces más de lo que yo mismo quisiera; sin embargo, creo firmemente, que ha sido la disciplina la que me ha dejado poder crear lo que hasta ahora he podido hacer.

Son esos pequeños y grandes detalles de la orientación y educación oriental que me han dejado ir más allá de lo que muchos se permiten hacer.
Pero ¿qué es la disciplina? Su significado no es tan espeluznante como algunos creen, quiere decir “enseñanza o educación”; y aunque posiblemente viene del latín discipulus la idea es enseñar un orden necesario para poder llevar a cabo un aprendizaje.
Pero ¿por qué no pasan las cosas como se planearon? Porque resulta que muchas de las veces no se planearon, se hicieron “como salieran” y entonces salieron así, “sin chiste”.
La disciplina permite hacer un programa de qué quiero y cómo lo quiero, a través de pasos sistematizados y ordenados dependiendo las capacidades de cada uno se van haciendo …